52 RETOS DE ESCRITURA PARA EL 2018


 

Décimo tercer  reto:

El argumento de tu relato es:

Alguien le deja anónimos a un profesor de primaria.
Aparece el cadáver de un niño en el patio. Narra qué ha pasado.





CARTAS ANÓNIMAS


La primera carta llegó tres semanas atrás, sin remitente, sin mayores datos que lo escrito en las líneas compuestas por letras recortadas de diversas publicaciones, en su cobardía quien la hizo se dedicó verdaderamente a combinar las letras en un solo color  con deferentes fondos. Era un acto tenebroso que reflejaba un profundo rencor hacia la escuela primaria y hacia el profesor en particular. En su rencor existía también una inmensa amargura por el cosmos entero, responsable  del abandono sufrido cuando trató de buscar ayuda.  Sí, en cada anónimo yacía un poco de esa negrura que le embargaba desde la última vez que paseó confiado por esos pasillos  vistiendo pantalones cortos. Esta era la segunda misiva, en la que le decía que el único responsable de lo sucedido era él, esto fue en lo que se convirtió por su culpa.

La policía acordonó el área tan pronto llegó, el cuerpo no presentaba heridas visibles, aunque su estado demostraba la angustia previa a su muerte. Era un niño de tal vez ocho años y medio, castaño y delgado como suelen ser muchos niños a esa edad, como lo fuera él mismo.

 No era de la zona ya que ninguno de los educadores le reconoció. Todos se preguntaban quién era y cómo llegó al patio central de la escuela,  reprobaban el acto mismo de haberle arrebatado la vida a tan temprana edad. Por ello el altar fúnebre que suele colocarse en memoria de algún fallecido se construyó en minutos con juguetes, flores y velonas blancas. Un rezo generalizado en la boca de la comunidad y el clamor de justicia. La misma justicia que pidió él en su momento, un derecho que le fue negado sin siquiera haberlo escuchado. 

Lo recogió unas horas antes de uno de los barrios más bajos  al otro lado de la ciudad, descalzo  y mal vestido, un niño de las calles sin familia. Lo alimentó, lo vistió y jugó con él. Cuando estaba más relajado y agradecido con su salvador este decidió terminar con su sufrimiento de una vez por todas, nadie lo tocaría de manera inapropiada, nadie le arrebataría esa inocencia propia de esa edad rompiendo su confianza para siempre. Fue un acto de piedad que se realizó de la manera más humana posible. Lo durmió primero y completo el trabajo con la eficiencia que la práctica da. No era su primero. Lo dejó en la escuela porque ya era hora de que se revelara al mundo. 

Mientras en la escuela todos rezaban unidos por la tristeza y sobre todo por lo hecho por ese ser que se cubre de decencia mientras esconde su verdadero rostro al mundo.